Estudiantes del liceo 2 de Florida, ayer, en la Torre de las Telecomunicaciones. Foto: Federico Gutiérrez

Más de 100 liceales fueron reconocidos por su actuación destacada en variadas actividades

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Fueron más de 100 los jóvenes premiados, que, junto a sus familiares y docentes, llenaron la sala Idea Vilariño de la Torre de las Telecomunicaciones, donde se hizo la celebración Inspira, organizada por el Consejo de Educación Secundaria (CES). Había muchos que parecían niños y algunos que ya estaban egresando del liceo, algunos muy prolijos con sus uniformes y otros con vestidos o sacos espec...
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Fueron más de 100 los jóvenes premiados, que, junto a sus familiares y docentes, llenaron la sala Idea Vilariño de la Torre de las Telecomunicaciones, donde se hizo la celebración Inspira, organizada por el Consejo de Educación Secundaria (CES). Había muchos que parecían niños y algunos que ya estaban egresando del liceo, algunos muy prolijos con sus uniformes y otros con vestidos o sacos especiales para la ocasión, otros con pelos pintados o rapados. Es que los intereses de los estudiantes que ayer fueron premiados son muy diversos: desde concursos sobre proyectos de salud o turismo, pasando por certámenes de teatro, ilustración, robótica, programación, ciencias, derechos humanos, astronomía o deportes. También eran muy diversos los orígenes: algunas delegaciones habían salido el jueves de tarde desde Vichadero, en Rivera, o desde Artigas, para estar ayer de mañana en la premiación, y había representantes de liceos de casi todos los departamentos.

Belén Barreto, estudiante del liceo de Tala, reconocida por los premios y la participación que tuvo junto a sus compañeros en competencias de robótica, comentó que muchas de las actividades que realizan los jóvenes que reciben premios o ganan concursos son extracurriculares: “Vamos porque nos gusta. Como muchas actividades que se hacen del mismo modo en muchos liceos, son actividades que te ayudan a tener más conocimiento y más personalidad, por así decirlo”. Su compañero Nicolás Borges, reconocido por los premios en la First LEGO LEAGUE, también les habló al resto de los jóvenes reconocidos: “No hay que quedarse con que venga un profesor a invitarlos a hacer alguna actividad, tienen que animarse ustedes mismos a proponer cosas que les interesen”.

Otro de los jóvenes que tomó la palabra en la fiesta fue Mauro Pons, un rosarino que ganó una medalla de oro en los Juegos Escolares Sudamericanos, y que representó ayer a toda la delegación uruguaya en la competencia deportiva en Cochabamba, Bolivia. Mauro llegó al oro después de alcanzar 1,94 metros en un salto alto, y ayer les sugirió al resto de los liceales que inviten a otros amigos a participar en distintas actividades: “Ellos también pueden estar acá, tienen las oportunidades; solamente deben saber aprovecharlas. Hay que explicarles que esto es algo que no pasa todos los días, que si aprovechan las oportunidades, le meten ganas y hacen lo que saben hacer –porque cualquiera puede estar acá–, se puede lograr”.

Celsa Puente, la directora del CES, recordó que esta es la tercera edición de Inspira, el evento organizado para reconocer a los estudiantes, y aseguró que el objetivo es “alentar este desarrollo que ustedes, de forma destacada, vienen a expresar”. Después del acto de reconocimiento, conversamos con algunos estudiantes para conocer sus experiencias.

Un asteroide en Mercedes

Serena Pedrozo y Dahiana Heller son dos integrantes del equipo que descubrió un asteroide desde el liceo José María Campos, en Mercedes. El profesor de Astronomía invitó a toda la clase de cuarto año a participar en la convocatoria que hace el International Astronomical Search Collaboration (IASC) y se prendieron cinco muchachas y un varón. El IASC hace convocatorias a nivel mundial y en Uruguay han participado alumnos de 15 liceos diferentes, explico Carlos Costa, el profesor. Desde Estados Unidos llegan packs con fotos del cielo, que, mediante el programa Astrometrics, los estudiantes procesan y miran una y otra vez, hasta dar con “agujeros sospechosos”, movimientos consistentes en todas las fotos, que indicaban que podían estar mirando un asteroide. “Íbamos de tarde, hasta después del gimnasio, y pasábamos horas mirando fotos”, comentó Serena, que entrenó el ojo para buscar asteroides: “Si se movía en las siete fotos era un agujero sospechoso, si no eran estrellas, nada más”. El grupo reportó 25 objetos, y días después el observatorio confirmó que uno de estos era un asteroide. El asteroide lleva de nombre, transitoriamente, un código, pero los estudiantes podrán bautizarlo el próximo año.

Contenedores georreferenciados en Vichadero

gvSIG Batoví es una herramienta geográfica de software libre que, asociada a una base de datos, permite elaborar mapas temáticos y consultar y trabajar con información georreferenciada. El Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) adaptó el software a las computadoras del Plan Ceibal y convocó a un concurso entre liceos de proyectos que la utilicen. Los ganadores fueron del liceo de Vichadero, Rivera, con un proyecto que permitió ubicar a todos los contenedores de residuos de la localidad, clasificarlos según su estado y generar alternativas de mejora para aquellos que estaban en mal estado. Para evaluarlos, los liceales utilizaron sensores que medían el pH del contenedor, y con la hipótesis de que los residuos orgánicos son los que generan mayores problemas (descomposición, olores, y animales que se acercan a hurgar entre ellos), elaboraron dos prototipos de composteras para generar compost líquido a partir de los residuos. “Los contenedores llegaron como una solución, pero estaban siendo un problema”, contaron Melanie Rodríguez y Natalia González, dos de las integrantes del equipo. “Salimos por la villa mapeando los contenedores y con los sensores del liceo analizábamos el pH de ellos, y evaluábamos la contaminación”, agregaron.

Uno de los premios por ganar el concurso era participar en un torneo internacional, convocado por la Universidad Miguel Hernández de Elche, España, y ayer los estudiantes se llevaron la sorpresa al enterarse de que habían ganado ese certamen. Sergio Acosta y Lara, del MTOP, comentó que la adaptación del software “explotó con los gurises”, cuando comenzó a utilizarse en coordinación con el Plan Ceibal.

Ilustración y teatro leído en Las Piedras

A Tamara Siri le gusta dibujar y ha hecho ya varias obras, aunque considera que la ilustración del cuento infantil Romina en el tránsito es “una de las obras más importantes que hice”. Con ella obtuvo el primer premio en un concurso organizado por la Administración Nacional de Educación Pública, el Consejo de Educación Secundaria y la Unidad Nacional de Seguridad Vial. Este año terminó sexto año orientación artístico en el liceo Manuel Rosé de Las Piedras, y se enteró del concurso cuando la profesora de Dibujo lo comentó en la clase. “Todo el mundo quería que yo participara y yo dije ‘bueno, participo’”. “Vos podías dibujar las escenas como quisieras, porque no estaban marcadas. Lo que contaba era cómo estuviera representado lo que pasaba en la escena y lo que significaba; si dibujabas una niña llorando tenía que verse bien la expresión, no tanto por la habilidad sino por lo que representaba el dibujo”. Tamara se inscribió para estudiar Bellas Artes en 2018, pero también quiere estudiar cine, y buscará la forma de que “las dos cosas terminen unidas”.

Otros compañeros del liceo Rosé de Las Piedras, que este año cumplió 80 años, fueron reconocidos ayer por el premio que ganaron en el concurso de Teatro leído del buen decir, convocado por la Fundación Lolita Ruibal, de Minas. Interpretaron tres obras: Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, y La historia de cómo Panchito González se sintió responsable de la epidemia de peste bubónica en África del Sur y La historia del hombre que se convirtió en perro, ambas de Osvaldo Dragún. Anabela Fernández, Karina Hernández, Érika Martínez y Ezequiel Borrás fueron cuatro de los integrantes del elenco, compuesto por diez estudiantes y dos profesoras de Literatura. Son todos de cuarto año, aunque algunos no se conocían o incluso se llevaban mal. La experiencia terminó bien: “Nos terminamos llevando bien y fue un trabajo en equipo, una compenetración de hermandad increíble”, comentó Karina. Varios de las estudiantes comenzaron a estudiar teatro o se proponen hacerlo, como Anabela, que asegura que la actividad la ayudó un montón: “Antes era muy tímida, no hablaba con nadie, y ahora me expreso más”.

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