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Tres jóvenes de Tala fueron premiados recientemente en Houston, Estados Enidos, en una convocatoria internacional sobre robótica. El Plan Ceibal celebró sus diez años de existencia. La próxima gran obra de ballet en el SODRE, Don Quijote, vende entradas desde 60 pesos. Un astrónomo uruguayo es designado para formar parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. La hinchada de Fénix aplaude a Defensor Sporting, campeón del Torneo Apertura. Son hechos que en ocasiones pasan desapercibidos, ya sea porque son esfuerzos anónimos hasta que alguien los descubre, o se cree que son puntuales en medio de un sinfín de dificultades, o se corresponden con iniciativas individuales (o de grupos específicos) que incluso lidian con los avatares y/o inercias del sistema social o del área de actividad que le corresponde.

José Luis Rebellato, filósofo uruguayo y no griego, plantea en su libro_ La ética de la liberación_, apoyándose en Cornelius Castoriadis, cómo tienen lugar las tensiones entre instituido e instituyente. Es decir, entre lo nuevo que emerge, que irrumpe y busca nuevos espacios (lo instituyente) y lo que ya está consolidado y se expresa en ciertas tradiciones y/o estructuras (lo instituido). Las tensiones tienen lugar, entre otras cuestiones, porque lo novedoso puede cuestionar los sentidos de lo establecido, a la vez que lo establecido está respaldado sobre sus antecedentes y puede aislar a lo novedoso, para que no pase de ser algo puntual. Si bien en los casos enunciados al inicio de estas líneas tal vez no haya mayor novedad, sí puede ocurrir que nuestras operaciones mentales los releguen como eso que son, casos puntuales, mientras que continuamos “leyendo” al conjunto, llámese sistema educativo, sistema artístico, sistema deportivo, como espacios en eventual decadencia, de eventual expresión de violencia, de aburrimiento, que no acompasan los tiempos del infotainment, etcétera. Fuertes dispositivos y discursos se encargaron durante mucho tiempo de estructurar nuestra visión de las cosas según estos últimos enfoques.

Otra fuente de tensiones, según Rebellato, tiene lugar cuando lo instituyente no queda relegado, sino que se lo incorpora, no sin contratiempos, y en ese devenir, se conforma un nuevo instituido, por el que aquella fuerza pujante de innovación del instituyente se puede diluir en el seno del instituido. En nuestros casos enunciados al principio, se los valora e incorpora a una trama cotidiana de acciones que, con otras lógicas y otros movimientos, los “devora”, situándolos en el olvido luego de unos días de estar en la cresta de la ola. Así, su potencial transformador se lleva a mínimas expresiones, o peor aun, se activa un conjunto de operaciones, discursos y prácticas que valora esos logros, pero en una suerte de menosprecio, se asegura que no pasarán de eso, de algo puntual y ya absorbido.

Pero, para Rebellato, instituido e instituyente se necesitan mutuamente, no sin tensiones en su articulación. El instituido que no se renueva pierde los sentidos que le dieron origen, y sus prácticas devienen rituales sin razón de ser, pero que todos seguimos haciendo “porque siempre se hizo así”; el instituyente no se propone en el aire, sino que dialoga con una conformación social que lo antecede, con sus características y dinámicas propias e, incluso, para que logre incidir en el conjunto social debe vincularse en algún punto con él.

El desafío, parece ser, está en cómo articular acciones que aparentemente son dispersas y puntuales, de modo tal que dicha articulación pueda otorgar una unidad de sentido, una expresión instituyente con una profundidad tal que pueda impactar y generar cambios. Este es uno de los desafíos de la política, como campo de construcción de decisiones que adquieren sentido en su relación conjunta, orientado según algún tipo de horizonte ético. Aquí no me propongo incursionar en la ciencia política, sino más bien apostar por una pedagogía que podríamos llamar de la traslucencia: es decir, educarnos para saber mirar, no más allá, sino a través de las acciones históricas, de modo de habilitar posibles cadenas de relación y de significados que otorguen una mirada unitaria, no unánime, de proyecto.

En este sentido, se educa a través de los diseños organizacionales, de los planteos institucionales, de ciertas pautas comunicativas, de los manejos de los plazos y de los espacios, de los roles que se asignan en los múltiples lugares por los que circulamos y a los que pertenecemos. Se brinda un mensaje de hondo contenido pedagógico cuando, como en los casos iniciales, la ciencia muestra toda su pertinencia social cuando apuesta a reducir la brecha digital o tratar una enfermedad (el proyecto de Tala nació para abordar la leptospirosis) o comprender nuestros orígenes en el universo; o cuando el arte se nos vuelve accesible para preguntarnos sobre nosotros mismos y emocionarnos; o cuando el deporte se vuelve juego y escuela de saber perder y ganar. Sin caer en ingenuidades, aprendamos a leer, no entrelíneas, sino en las líneas, la partitura de las acciones cotidianas que puede regalarnos una hermosa melodía.