La tauromaquia es el arte de lidiar con los toros. Y gracias a científicos compatriotas, liderados por los biólogos Gabriel Laufer y Noelia Gobel, del Museo Nacional de Historia Natural, nuestro país está en mejores condiciones de lidiar con ese problema.

La rana toro (Lithobates catesbeianus) es una de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo, no sólo por depredar y desplazar a las especies locales, sino también por portar el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, que causa mortandad en los anfibios al afectar su piel e impedir que realicen el intercambio líquido y gaseoso con el ambiente. Nuestro país, en el que la rana toro se introdujo con fines productivos en 19 granjas durante la década del 80, no está a salvo de su presencia perjudicial, ya que las ancas de rana no fueron el negocio esperado y, al cerrarse los emprendimientos, nadie controló el destino de los animales. Pero como la ciencia no se trata de generar alarma sino conocimiento, hay que celebrar el trabajo, que terminó con la publicación del artículo “Estado actual de la invasión de la rana toro en Uruguay” en la publicación Biological Invasions de la prestigiosa editorial científica Springer, a cargo de los compatriotas Gabriel Laufer, Noelia Gobel, Claudio Borteiro, Álvaro Soutullo y Claudio Martínez Dabat y Rafael O de Sá.

El estudio, que realiza el seguimiento de zonas invadidas por la rana toro desde 2005 a 2015, permitió ver que en dos locaciones, Aceguá y San Carlos, el batracio invasor se ha expandido, y en el caso de Aceguá exponencialmente, en dos lugares la rana no logró establecerse, al tiempo que registra por primera vez su presencia en plena zona urbana de Montevideo. Sin embargo, los autores reconocen que “la invasión está en una etapa temprana, con poblaciones muy localizadas, lo que permitiría la implementación de planes de contingencia poco costosos, siendo la erradicación una opción plausible”. Es que como señalan los propios autores, “es raro detectar una invasión en etapa temprana con un mapeo tan detallado”, y dado que las dos zonas en las que se ha establecido están muy acotadas (menos de 6 km 2 en Aceguá y 1 km 2 en San Carlos), pensar en librarnos de este invasor perjudicial no sólo es posible, mediante el secado de los cuerpos de agua, casi todos artificiales y dentro de predios ganaderos, y el aislamiento y exterminio de los individuos existentes, sino que es imperioso hacerlo cuanto antes si no queremos enfrentarnos a daños severos e irreparables a los ecosistemas.

Este minucioso seguimiento del estado de la invasión también permitió que los investigadores publicaran otros dos trabajos: uno en el que estudiaron las horas de mayor actividad de su canto (que permite detectar su presencia y, por tanto, monitorear la invasión) y otro en el que analizaron la dieta de los renacuajos de la rana toro. De esta manera, la labor de nuestros compatriotas es útil para otros científicos que estudian la invasión de ranas toro, ya que concluyeron que canta entre las 20.00 y las 5.00, durante la etapa reproductiva, una actividad mucho más prolongada que la de las ranas nativas, al tiempo que vieron que la alimentación más rica en proteínas de los renacuajos de rana toro comparada con la de los anfibios nativos podría ser una clave para el éxito expansivo de la especie.

Para demostrar que los científicos son honestos, el trabajo denuncia la aparición de la rana toro en estado salvaje en la zona urbana montevideana, específicamente en un único cuerpo de agua artificial... ¡dentro del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable! Los autores señalan que esto demuestra “el poco conocimiento que se tiene del riesgo que implica utilizar especies exóticas invasoras como modelos de investigación”.

La ciencia tiene múltiples fines. Y uno de ellos es ayudarnos a tomar mejores decisiones. Los cuerpos de agua en los que trabajar hoy son 23. “La primera vez que advertimos sobre este problema, en 2007, los cuerpos de agua con ranas toro eran apenas cuatro”, me dice Gabriel. Hacer caso omiso a este estudio, que no sólo señala lo oportuno de tomar medidas cuanto antes en Aceguá y San Carlos, sino que además indica que, dadas las características y el mapeo detallado, el éxito de la erradicación es relativamente sencillo de alcanzar, más que un caso de miopía sería un acto de negligencia para un país que gusta de ponerse el sello de “natural”.

Estado de una invasión | • Costa de Pando, Canelones, primer reporte: 2005, estado actual: sin avistamientos por diez años.Paraje Bizcocho, Soriano, primer reporte: 2007, estado actual: sin avistamientos por diez años, dado que la producción de soja, que nivela los terrenos y elimina los cuerpos de agua, no sólo exterminó a la rana toro sino a otra gran cantidad de anfibios nativos. • Aceguá, Cerro Largo, primer reporte: 2007, estado actual: expandiéndose exponencialmente (presencia en 23 cuerpos de agua). San Carlos, Maldonado, primer reporte: 2015, estado actual: expandiéndose (presencia en seis cuerpos de agua). • Montevideo, primer reporte: 2017, estado actual: tirón de oreja para los científicos.