Educación
Edgardo Ortuño.

Los jóvenes afrodescendientes presentan 18% más de abandono de bachillerato que el resto de la población de su edad

De cada diez personas afro, cinco culminan el ciclo básico y dos el bachillerato.

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Es un círculo vicioso. La pobreza lleva a un bajo rendimiento educativo, eso deriva en malos empleos, por lo tanto en mala remuneración, que termina nuevamente en la pobreza. Esa estructura social es pareja para todos, pero para Edgardo Ortuño, director de la Casa de la Cultura Afrouruguaya, se agrava en esa población que, según datos del último censo, registra el doble de pobreza y el triple d...
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Es un círculo vicioso. La pobreza lleva a un bajo rendimiento educativo, eso deriva en malos empleos, por lo tanto en mala remuneración, que termina nuevamente en la pobreza. Esa estructura social es pareja para todos, pero para Edgardo Ortuño, director de la Casa de la Cultura Afrouruguaya, se agrava en esa población que, según datos del último censo, registra el doble de pobreza y el triple de indigencia en comparación con la población no afro. Según un estudio del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), esa desigualdad social también se refleja en el sistema educativo. Los datos muestran que de cada diez personas afrodescendientes, cinco culminan el ciclo básico y dos el bachillerato, mientras que en la población no afro en iguales condiciones, siete alcanzan el ciclo básico y cuatro el bachillerato.

La brecha se ve tanto en el acceso y la permanencia como en el egreso de los distintos subsistemas educativos. En primaria, la universalización es casi total y no hay grandes diferencias entre las poblaciones. Sin embargo, el informe presentado por el Mides en el marco del mes de la afrodescendencia demuestra un punto de quiebre a los 14 años. 95% de los jóvenes no afro continúa sus estudios luego de culminado el ciclo básico de educación media, mientras que sólo 88,6% de los adolescentes afrodescendientes siguen adelante luego de esa etapa. Esta brecha se acentúa en la culminación del bachillerato, ya que 22,4% de dicho colectivo termina el ciclo, mientras que en la población no afro 40,7% lo finaliza, por lo que la brecha es de 18,3%.

En cuanto a los estudios terciarios, no hay datos oficiales actuales, pero en el último censo se indica que tan solo uno de cada diez jóvenes afrodescendientes en edad de transitar por esa etapa de formación está estudiando una carrera terciaria. “Ese guarismo es de uno cada cuatro en la población no afro, es decir, mientras que hay 25% de población no afro en los estudios universitarios, hay prácticamente 10% de la población afro”, señaló Ortuño.

Para el director de la Casa de la Cultura Afrouruguaya, quien también es profesor de historia, hay tres aspectos relacionados a esta desigualdad. Por un lado, “un contexto más estructural en relación a la pertenencia de los hogares afrouruguayos a aquellos con mayor incidencia de pobreza”. Por otra parte, “la división racial del trabajo, que existe todavía hoy, ya que la población afrodescendiente concentra en el mercado laboral las tareas menos calificadas y, por lo tanto, peor remuneradas. Eso podría operar como desestímulo de la educación como estrategia de ascenso social”. Asimismo, “junto con las realidades socioeconómicas aparecen las realidades culturales, vinculadas a la persistencia del racismo, que se relacionan a prácticas racistas entre jóvenes y llevan a la desmotivación para la continuidad, perjudican los niveles de autoestima y generan un impacto en los resultados escolares”.

Para el cambio

Cortar el círculo vicioso es clave para generar un cambio. Con ese objetivo, el Parlamento uruguayo votó la ley 19.122 sobre acciones para favorecer la participación de la población afrodescendiente en las áreas educativa y laboral. Actualmente, hay un grupo que trabaja en poner en práctica las acciones específicas relacionadas a educación compuesto por delegados de los ministerios de Educación y Cultura, Trabajo y Seguridad Social y Desarrollo Social, que junto con representantes de la sociedad civil forman el consejo consultivo de la ley, entre los que se encuentra la Casa de la Cultura Afrouruguaya.

Para Ortuño hay varias líneas de trabajo que se deberían desarrollar con la meta de superar la brecha social por razones étnico-raciales. Algunas de ellas son las que ya está poniendo en marcha el equipo de trabajo. Según contó a la diaria Macarena Gómez, representante del Ministerio de Educación y Cultura en ese grupo, decidieron priorizar la formación docente como estrategia para el cambio. En ese sentido, abrieron un llamado para talleristas con el objetivo de que trabajen con los formadores del Consejo de Formación en Educación (CFE) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). La idea es que, para empezar, se forme un grupo que pueda abarcar en primera instancia a unos 100 futuros docentes de todo el país. Por su parte, Ortuño considera que estas acciones son positivas pero también entiende que son “incipientes e insuficientes para abarcar todo lo que se pretende”.

Además, se busca trabajar con los formadores sobre la inclusión de los temas étnico-raciales en las currículas del CFE. Gómez comentó que están trabajando con los consejeros para que estos asuntos lleguen a permear la renovación de los programas que vienen desarrollando de cara a la futura Universidad de la Educación. Este punto es clave, según Ortuño, para lograr los cambios necesarios: “Transformar los contenidos del sistema educativo en clave más inclusiva, reflejar la presencia de la población afro de modo de fortalecer los elementos de identidad, promover el respeto y la valoración de la diversidad de la sociedad uruguaya”, comentó.

El profesor y militante entiende que “es un desafío de política pública incorporar una presencia del aporte afro en la sociedad uruguaya que sea significativo y deconstructivo de los discursos discriminatorios. Por ejemplo, la presencia de la población negra en el relato de la historia se limita a la época de la esclavitud o sólo en la experiencia de Ansina, estigmatizada como sirviente de Artigas”.

Tanto Ortuño como Gómez concuerdan en que es fundamental ponerse a trabajar en la generación de un sistema de tutorías que “compense los menores niveles de capital cultural que existen en las familias”. “Si muchos de los jóvenes afro son la primera generación que accede al liceo o al bachillerato y ni que hablar a la universidad, a la hora de estudiar en sus casas no están acompañados de la ayuda que puede tener el resto de las familias con generaciones de formación”, remarcó el director. En este sentido, este grupo, junto con la ANEP, está generando “mecanismos de acompañamiento a estudiantes por medio de tutorías y equipos técnicos que hagan un lectura cercana de las dificultades de cada uno para que puedan terminar los ciclos. Eso se va a empezar a hacer en la UTU y después llegará a toda la enseñanza media”, informó Gómez.

Asimismo, para Ortuño es necesario, en miras de reducir las brechas, impulsar “la permanencia en el ciclo básico a través del fortalecimiento de las becas, que permitan sostener o apoyar a las familias para mantener a sus hijos en la educación media”. A su entender, todas las iniciativas que están en marcha son positivas pero insuficientes: “Son avances, estamos caminando, pero muy tímidamente para el nivel del problema”.

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