Una medalla de oro para el floridense Rodrigo Cabral, de bronce para los montevideanos Milagros Segovia y Mateo Fernández, y de bronce también para el minuano Marcos Alzugaray, y una mención honorífica para Constanza Flores, que vive en Ciudad de la Costa, fueron los reconocimientos que obtuvieron los uruguayos en la XI Olimpíada Latinoamericana de Astronomía y Astronáutica que se desarrolló en la última semana de octubre en Puebla, México. Fueron acompañados por Martín Monteiro, integrante de la Sociedad Uruguaya de Astronomía, una de las instituciones organizadoras de la Olimpíada Nacional de Astronomía (olimpiada.astronomia.edu.uy) junto con la Administración Nacional de Educación Pública, la Facultad de Ciencias, el Planetario de Montevideo y el Observatorio Los Molinos y la Asociación de ex olímpicos de Astronomía.

Rodrigo, que está terminando sexto físico-matemático en Florida, contó que la Olimpíada comenzó el lunes, con las pruebas individuales: ejercicios teóricos que deben resolver en un máximo de cuatro horas. Luego llegaron las pruebas de cohetería: en grupos en los que se mezclan las nacionalidades, los estudiantes tienen que construir cohetes de agua y la plataforma desde donde lanzarlos, para lo que cuentan con botellas, infladores, tuberías y demás herramientas. Cada equipo tiene dos intentos y se cuenta la distancia a la que llegan los cohetes: en general todos superan los 100 metros. La tercera prueba es también grupal y vuelve a ser teórica, y por último tienen una prueba observacional: deben apuntar a un objeto, identificarlo y aportar información astronómica, además de demostrar un buen manejo del telescopio. La idea era que estas pruebas fueran a cielo abierto, pero las nubes lo impidieron, por lo que fueron en un planetario.

“Son formas de captar talentos, de motivar a los estudiantes por la ciencia desde etapas más tempranas”.

Las de observación fueron las pruebas más difíciles para los uruguayos, entre otras cosas porque el cielo del hemisferio norte es distinto al del sur, pero pese a esto, todos los integrantes de la delegación volvieron con premios. “Más allá de los premios, el ambiente es increíble: es muy poco competitivo, todos nos preparamos muchísimo y obviamente queremos ganar, pero siempre estábamos conviviendo, hablábamos de lo que nos gusta, comíamos juntos y teníamos tiempo libre”, destacó el floridense.

Los cinco jóvenes fueron seleccionados tras el proceso de la Olimpíada Nacional de Astronomía, que comenzó en setiembre de 2018. A la primera prueba virtual se presentan cerca de 1.000 estudiantes de secundaria, y la mitad clasifica para la segunda instancia, dos meses después, que también es virtual pero más compleja, e implica la resolución de problemas de astronomía. Los que mejor desempeño tienen en esta segunda prueba, en general cerca de unos 50, pasan a la tercera, la Olimpíada Nacional de Astronomía, que es la primera instancia presencial y es en mayo del año siguiente; los temas y la dificultad de los problemas que se proponen ya tienen el nivel que tendrá, a mediados de octubre, la Olimpíada Latinoamericana. Los diez o 15 mejores son los finalistas de la Olimpíada, que recibirán cursos sobre diferentes temas por medio de una plataforma online y, una vez por mes, de junio a agosto, tendrán pruebas de preparación para la Latinoamericana, y entrenamiento con docentes de la Facultad de Ciencias y de secundaria. En agosto, en base a todo este ciclo, se elije a la delegación que representará a Uruguay en la región.

El estudiante aseguró que Uruguay tiene un nivel muy bueno en la región (es el único país de América Latina que tiene la asignatura Astronomía, el resto aprende sus contenidos en otras materias), y tiene claro que el próximo año comenzará a estudiar la Licenciatura en Astronomía: “Desde que empecé, en 2017, no me lo puedo sacar de la cabeza”. Sus compañeros de delegación también estudiarán astronomía, física o ingeniería el próximo año. “A todos nos influyó muchísimo y quedamos todos metidos en la ciencia”, aseguró Rodrigo. Justamente, destaca Monteiro, esa es la clave de estas instancias: “Son formas de captar talentos, de motivar a los estudiantes por la ciencia desde etapas más tempranas”, aseguró.