Agustina Rocca tiene 23 años, entró a la Universidad de la República (Udelar) para estudiar Ingeniería Mecánica, se arrepintió y se pasó a Ingeniería Química. Le va bien: el semestre pasado obtuvo el tercer mejor puntaje en el curso Química Analítica I, le gusta lo que hace y se proyecta como investigadora. Esta podría ser la trayectoria cotidiana de cualquier estudiante de la Facultad de Química (FQ), pero en el caso de Agustina, al desafiante paso por la Udelar se le suma su cuadriplejia.

Medir, pesar, analizar, ajustar, volver a medir: no sólo son típicos procedimientos para el estudiante de Química, también son obligatorios y Agustina no podía hacerlos. La cuadriplejia provoca la parálisis de las extremidades superiores e inferiores y el tronco, por lo que ella no puede manipular con sus manos los mismos aparatos que sus compañeros. Atenta a esta situación, la Comisión de Apoyo a Personas con Requerimientos Especiales (APRE) de la FQ se comunicó a fines de 2018 con el Taller de Instrumentos de esa institución para empezar a pensar qué adecuaciones iba a necesitar Agustina en 2019, cuando comenzara a cursar las materias de laboratorio. Gabriel González, docente del taller, se puso el desafío al hombro y junto con Agustina lograron superar las expectativas.

González empezó a ver videos en Youtube, a buscar en internet qué se estaba haciendo en otras partes del mundo y a informarse sobre nuevos sistemas; puso manos a la obra reciclando distintos materiales y desarrolló tres dispositivos que sustituyen el uso de las manos por palancas que Agustina puede mover con el mentón para activar sistemas hidráulicos que a su vez generan movimientos mecánicos. Gracias a estas innovaciones, Agustina aprobó con creces Química Analítica I, ahora está cursando Físico-Química y el año que viene podrá hacer Química Orgánica, todas materias con una alta carga de horas de laboratorio, algo que hasta este momento era impensado.

Los dispositivos

Cuando APRE se comunicó con González, la solución que se había manejado era una pinza que Agustina podía manipular con la boca, pero no funcionaba, porque todo lo que agarraba para pesar se caía. “A partir de ahí fue todo ensayo y error. Probamos hacer en una impresora 3D una pinza más desarrollada; con eso podía medir con precisión con la boca, pero trabajar en un laboratorio, donde hay muchas sustancias diferentes, con la boca abierta, es peligroso. Buscando en internet y mirando videos, se me ocurrió probar con los aparatos que hicimos, para que ella no tuviera que manipular la sustancia con la boca directamente”, contó a la diaria el docente. “Buscamos información y vimos que no había mucho por dónde avanzar, lo fuimos desarrollando nosotros. A medida que la conocía, fui viendo las cosas que podía hacer, con el movimiento que tiene y, a su vez, yo fui estudiante de Química, entonces sabía cómo eran las manipulaciones y me iba imaginando qué cosas iba a necesitar”, agregó.

Con el uso de los nuevos dispositivos se puede dispensar volúmenes exactos y pesar sólidos con precisión. “No era posible que me ayudara un docente contando las gotas, por ejemplo, porque es muy preciso y si te pasás una gotita ya te cambia todo, entonces mientras yo le digo a la profesora que pare de agregar, ya me pasé. Teníamos que hacer algo en lo que yo pudiera frenar si quería; con esto todo lo hago yo”, explicó Agustina a la diaria. Según el póster que presentaron en el último Encuentro Nacional de Química –en el que recibieron una mención por el trabajo–, los tres dispositivos que desarrollaron logran “transferir volúmenes exactos (oficiando de pipeta aforada), preparar soluciones patrón (pudiéndose pesar el sólido, agregar solvente y enrasar la solución) y hacer valoraciones volumétricas de forma autónoma”.

“Realmente empezamos de cero. Ahora, con estos buenos resultados, ya tenemos un poco más de impulso, tenemos cierto presupuesto, y eso es lo que nos permite estar trabajando ahora con robótica”, adelantó González. “Estamos diseñando otro aparato, que se maneja con un joystick. Algo que cualquiera manejaría con la mano ella lo va a poder hacer moviendo el joystick con el mentón. Se necesita mirar el visor, pero pusimos unas cámaras que muestran la imagen en la computadora. Todo se maneja con placas programables Arduino, como las que usa Plan Ceibal. Obviamente, todo eso hay que programarlo, me llevó un tiempo aprenderlo, pero pudimos hacerlo porque nos financian los materiales y me están pagando un curso de robótica. Ahora vamos a crecer, ya para el año que viene va a tener juguetes más lindos”, bromeó González.

Lo logrado por el equipo superó las expectativas que todos tenían antes de comenzar: “Nadie esperaba los resultados que se dieron, nosotros fuimos avanzando de a poco y vimos lo que se podía lograr; además, Agustina tiene una voluntad bárbara, así se avanza”, destacó González, quien señaló que “este es el primer caso, pero esperamos que se abran las puertas para otros muchos estudiantes en esta situación que quieran estudiar”. Por su parte, Agustina contó que se enfrentó por primera vez a la manipulación de instrumentos como las buretas y pipetas en la FQ, porque en las prácticas del liceo siempre había trabajado en grupos con otros compañeros: “Cuando arranqué en la facultad empecé a trabajar así, y hacerlo estuvo buenísimo. Nunca imaginamos que yo iba a poder medir y pesar con estos instrumentos; fue increíble”.