Andy Hargreaves tuvo una semana cargada en Uruguay. El asesor en educación llegó el lunes para dar una conferencia a 1.400 personas en el ciclo + aprendizaje de Fundación Ceibal, tuvo reuniones con referentes en educación de varios partidos políticos, incluyendo un intercambio con el candidato presidencial Daniel Martínez (ver recuadro), y también dialogó sobre cambio educativo con docentes y directores de la Red de Aprendizaje de Plan Ceibal. En el medio conversó con la diaria sobre sus varias líneas de trabajo, los desafíos de emprender el cambio y los retos que Uruguay tiene por delante.

“Colaboración” es la palabra clave de su diccionario; asegura que para obtener buenos resultados en la educación es necesario crear un ambiente colaborativo entre la dirección y los docentes y en la forma de trabajar con los estudiantes. Pregona lo que dice: de sus 30 libros, 27 son colaboraciones con otros autores en diversos temas que, según su página web, se pueden resumir en cinco áreas: capital profesional, profesionalismo colaborativo, liderazgo desde el medio, cambio educativo y liderazgo inspirador y sostenible. El lunes, ante una sala de eventos del Laboratorio Tecnológico del Uruguay repleta, el inglés radicado en Canadá insistió en la idea de capital profesional y el poder que tiene el docente para cambiar la realidad; según dijo, “un docente tiene más poder que un ministro”, aunque a veces sea necesario recordárselo.

“No debemos ver el cambio como algo que hacemos cuando las cosas salen mal, sino como algo que hacemos siempre para mejorar”.

Se te define como un especialista en cambio educativo. ¿Por dónde empieza el cambio?

Hay dos formas de hacer cambios. Una es resolver un problema y la otra es evolucionar. Para la primera hay que reconocer que hay un problema, escuchar a los estudiantes, entender las devoluciones y mejorar las capacidades de uno mismo de resolver el problema. Las situaciones pueden ser muchas: la mala conducta en clase, la integración de inmigrantes venezolanos o cubanos, o cualquier otro, el docente debe mejorar sus habilidades para resolver ese problema específicamente. Además, es importante que se trabaje con otras personas que puedan ayudar. En resumen, se trata de identificar el problema, desarrollar capacidades para resolverlo y trabajar con otras personas. La otra forma en que cambiamos es porque buscamos mejorar; no debemos ver el cambio como algo que hacemos cuando las cosas salen mal, sino como algo que hacemos siempre para mejorar. Un buen acercamiento al cambio es siempre mirar las prácticas y ver cómo se pueden mejorar para alcanzar a más estudiantes, cómo comprometerlos y motivarlos más. Los sistemas que más cambian son los más efectivos; los docentes que más cambian son los mejores docentes, porque siempre cambian para ser mejores.

Fuiste asesor en educación para el ministro de Ontario, en Canadá, y para el primer ministro de Escocia. ¿Qué aspectos se deben considerar a nivel político para impulsar un cambio?

Es similar al cambio en la clase. Un buen líder escuchará a su gente, será alguien a mano, que no esté encerrado en su oficina todo el tiempo; estará en las escuelas, escuchando a docentes y estudiantes, apuntando cuáles son los principales problemas. En Uruguay, por ejemplo, la deserción es un enorme problema. Después esa información se estudiará a nivel político y se decidirá cuál es el camino a seguir de una forma muy clara; se debe desarrollar esa visión con todos, por lo que al principio puede estar un poco mezclada, pero luego se debe llevar adelante de manera clara, hablando de esa visión todo el tiempo, con mensajes simples y frecuentes en todos los niveles.

Dijiste que la deserción es uno de los principales problemas de Uruguay. ¿Cuál es tu consejo para trabajar este tema?

Primero deben saber por qué hay deserción, y las razones pueden ser varias. Una razón muy común para que la gente no esté en las instituciones es que no le gustan, no se siente exitosa ahí. Otra razón para que haya mucho abandono es que haya altos índices de repetición; la evidencia internacional dice que si dejás a un niño o joven repetidor se sentirá humillado por estar con gente más joven y aburrido por repetir contenido que no le salió bien la primera vez, por lo que tenderá a abandonar. Por otra parte, un porcentaje del abandono se relaciona con cómo la escuela compromete a los estudiantes con la institución, y también tiene que ver con la capacidad de los docentes de lidiar con un salón de clase con estudiantes que tienen una amplia gama de habilidades y competencias. Asimismo, eso se relaciona con la necesidad de tener más de una persona en el salón de clase para que sean varios los que están atendiendo a los estudiantes y sus distintas habilidades.

De primera mano

Durante su paso por Uruguay, Andy Hargreaves mantuvo varias reuniones con asesores y expertos en el área de la educación. Entre sus encuentros hizo tiempo para reunirse con Daniel Martínez, candidato a presidente por el Frente Amplio, su equipo de educación, la ex consejera de la Administración Nacional de Educación Pública, Laura Motta, esposa de Martínez, junto a Miguel Brechner y Fiorella Haim, ambos jerarcas de Plan Ceibal. Al terminar la reunión, el candidato dijo que hubo “muchas coincidencias” con Hargreaves, sobre todo en el entendido de que es “imposible conseguir una transformación profunda de la educación sin esa mirada transversal de la sociedad” que incluye a las familias, los trabajos e ingresos, las condiciones sociales, la vivienda, la cercanía de ómnibus o las policlínicas. Además, Martínez señaló la importancia de los “fuertes liderazgos desde la cabeza de la educación. Lo que más me importa no es hacer reparto de cargos en cuanto a los responsables del Poder Ejecutivo en la educación, sino que haya coherencia entre todos los miembros de la educación, desde la escuela hasta preescolares e incluso la Universidad”.

Por su parte, Hargreaves señaló a la diaria que la reunión fue muy buena y pudo comparar el Uruguay que conoció hace diez años con el actual. “Es muy bueno ver cómo cambió la actitud de la gente. Antes me decían que no se podía hacer nada en Uruguay y ahora están todos muy entusiasmados y comprometidos”. Con respecto a reunirse con el otro candidato a la presidencia, Luis Lacalle Pou, afirmó que no hubo tiempo en la agenda.

No hay que olvidar que la deserción también se relaciona con la falta de integración de la comunidad al centro, es importante que los padres sean parte de la institución, porque muchas veces ellos no tuvieron un buen pasaje educativo o incluso llegaron a abandonar. Hacerlos parte es fundamental; se pueden organizar cenas o parrilladas, no tiene que ser siempre reuniones de padres.

Foto: Mariana Greif
Foto: Mariana Greif

Sos un gran defensor de los ambientes colaborativos. ¿Por qué son los ideales para el cambio educativo?

La evidencia es muy clara: si los docentes colaboran, los estudiantes se benefician. La principal ventaja es que si se comparten los problemas, se obtienen muchas más estrategias para resolverlos; eso hace que los docentes sean más efectivos, que se sientan mejor en el trabajo, que tengan más confianza. Además, si hay un ambiente en el que se comparten los problemas, pasan a ser algo colectivo, y eso es liberador. En Uruguay tienen un problema con los docentes, y es que rotan mucho de institución; lo que hace que un docente se quede en su lugar de trabajo es el ambiente. Algunos dicen que la respuesta a ese problema es generar normativas, y eventualmente puede ser, pero a mi entender la mejor respuesta es crear fuertes ambientes colaborativos en las instituciones para que no se quieran ir; si aprecian a su director, a sus estudiantes, y se sienten apoyados por sus colegas, seguirán trabajando en el mismo lugar.

¿La rotación de los docentes es uno de los principales problemas de Uruguay?

Los docentes pueden trasladarse cuando quieran, pero la razón por la que eso es un problema es que es muy difícil crear una comunidad si tienes mucha gente yéndose todos los años. Es un problema para los estudiantes porque, por ejemplo, cuando un niño termina una clase y pasa a la siguiente, a veces los maestros necesitan hablar sobre ese niño y, si el maestro elige otra escuela, no se dan esas conversaciones.

¿Qué pasa cuando un docente quiere comenzar a trabajar en forma colaborativa, pero en su centro nadie lo apoya?

Lo primero que le diría es que cada tanto cierre la puerta de la clase y haga algo que le apasione, que tome el riesgo sin miedo. Lo segundo que aconsejaría es que no hay que colaborar con todo el mundo; si solamente consigue una o dos personas que quieran colaborar, por lo general es suficiente. Yo he colaborado toda la vida en mi trabajo: tengo 30 libros, 27 de los cuales los hice con otras personas, pero no colaboro con todos en todo. Más allá de eso, si en la institución no hay nadie que esté dispuesto a colaborar, siempre puede buscar alguien en otro lugar, generar conexión mediante las redes sociales y obtener colaboración virtual. Al final del día, si la escuela es tan terrible que no se puede hacer nada, debería irse y encontrar una escuela que lo apoye en la forma en que quiere enseñar.

“Los sistemas que más cambian son los más efectivos; los docentes que más cambian son los mejores docentes”.

En la conferencia del lunes dijiste que los maestros tienen más poder que los ministros. ¿Creés que son conscientes de ese poder?

Creo que muchos docentes dirían que cuando se cierra la puerta de su salón pueden hacer lo que quieran, que incluso si llega una inspección pueden tener una planificación preparada en el cajón del escritorio y sacarla cuando sea necesario. En un mal sistema, donde los docentes viven con miedo, muchos saben cómo moverse. Ellos saben que tienen poder, a veces es necesario recordárselo. Con ese poder es importante que a veces dejen la puerta abierta a otros docentes, para que puedan aprender uno del otro.

¿Creés que deben empoderarse aun más?

No se puede darle poder a la gente, así como no se puede dar dignidad, es algo que todos tenemos; pero sí se le puede sacar por medio del miedo, el control, las amenazas y tanto más. Es importante crear un ambiente donde el poder pueda avanzar. Algo interesante es que los docentes deben preocuparse de su poder con otros adultos, porque con los estudiantes el poder es positivo; es importante que ellos se sientan confiados para usar ese poder y contribuir a la formación de otros adultos.

Foto: Mariana Greif
Foto: Mariana Greif

Otra de las ideas que mencionaste en tu conferencia es que la escuela no puede ser sólo una sala de espera para algo que va a pasar después. ¿Eso es lo que está pasando ahora?

Los estudiantes necesitan saber por qué están aprendiendo algo, no necesitan saber que lo aprenden porque estará en la prueba o porque capaz que es parte del trabajo. Necesitan aprender porque hay un propósito ahora y necesitan comprometerse con su educación, no se debería tratar con inocencia el futuro, pero tampoco se debería arrastrar en la educación de los niños algo que puede necesitar o no en diez años.

Un niño es un niño, debe ser tratado como tal y no como un pequeño adulto, y eso no significa que no le demos responsabilidades. Un niño, cuando va a clase, quiere sentirse a salvo, estar feliz, llevarse bien con los docentes, sentir que aprende algo nuevo y tener amigos. Eso es todo para un niño; no quiere saber si está desarrollando habilidades para el siglo XXI, si va a cambiar siete veces de trabajo en su vida o si será sustituido por la inteligencia artificial. Necesitan experimentar la vida como niños, y eso debería ser la escuela.

Cuando hablás del poder de la educación, en tus artículos mencionás que la escuela puede reducir la brecha entre las familias pobres y las adineradas. ¿Cómo la escuela, que es un solo actor en la sociedad, se puede convertir en creador de democracia?

La evidencia sostiene que en promedio, sólo en promedio, 80% de la explicación de los logros de los estudiantes viene de afuera de la escuela; tiene que ver con políticas sociales, de salud, de vivienda, económicas, entre muchas otras. 20% es lo que se puede controlar en la escuela, y la parte más grande de ese porcentaje la controla el docente. Mucha gente piensa que es poco, pero es un promedio, se puede aumentar. Las escuelas que son excelentes son un centro para las comunidades, no son solamente un lugar al que van los niños, son el lugar al que va la comunidad, y se siente involucrada con los centros. Las personas tienen muchos problemas diferentes en la escuela; cuando se hace de ella un centro que nuclea muchas otras necesidades, la comunidad empieza a verla de otra forma y ese 20% aumenta, la escuela empieza a intervenir en la comunidad.

¿Creés que Uruguay está haciendo eso?

Podría hacer más, podría haber políticas para esto. En la escuela podría haber espacios para la comunidad, podrían mantenerlas abiertas en la noche y en los fines de semana para que puedan usarlas. Podrían dejar que en la escuela trabajaran enfermeras, trabajadores sociales y otros actores porque los niños pobres no tienen sólo problemas en su educación, pueden tener los padres presos, violencia en la casa, problemas de bullying en el barrio, problemas de salud. Normalmente, lo que pasa es que para atender cada uno de estos problemas hay que ir a lugares diferentes y se empieza a ver al joven como una persona separada, en un centro que está conectado con su comunidad se empieza a ver al joven como una persona completa.

Uruguay en el Atlántico Norte

Andy Hargreaves es uno de los directores de Atlantic Rim Collaboratory (ARC), una red colaborativa internacional que busca reunir a expertos y tomadores de decisiones para generar estrategias educativas que lleven hacia el bienestar ciudadano, a la que se incorporó Uruguay hace pocas semanas. Consultado por la diaria sobre por qué eligió a Uruguay para sumarse a su red de trabajo, el asesor inglés explicó que “todos los años los países miembros se reúnen para, dentro de otras cosas, aconsejarse sobre los grandes problemas de políticas educativas en ambientes confidenciales. Para eso debemos estar unidos por los mismos valores y tener un perfil innovador. Uruguay encaja perfectamente”.

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