Alejandro Maiche es el representante de la Universidad de la República (Udelar) en la Comisión Directiva del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), un instituto que en sus últimas apariciones públicas ha estado envuelto en polémica, tras varias renuncias, acusaciones de presiones y cuestionamientos a sus informes por parte del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Maiche reconoce que el organismo se ha manejado con una lógica de griteríos y considera que es necesario dotarlo de mecanismos de transparencia para evitar esto, pero advierte que además es necesario liderazgo y procesos de academización fuertes en un instituto que, en su opinión, debe ser de investigación además de evaluador.

La directiva está integrada por dos representantes del Ministerio de Educación y Cultura (Alex Mazzei, que lo preside, y Óscar Ventura, que renunció este año), dos representantes de la ANEP (Límber Santos y Marcelo Ubal), uno en representación de la educación privada (Pablo Cayota, hasta su renuncia la semana pasada) y Maiche por la Udelar. En esta entrevista, Maiche, psicólogo dedicado a la investigación en desarrollo cognitivo, responde las críticas que hizo Cayota a su salida, cuando afirmó que el instituto veía debilitada su autonomía técnica y su independencia, y afirmó que quiso expresar su posición porque “la postura de Pablo nos interpela a todos”.

“El Ineed tiene que ser también un instituto de investigación”.

Sos el representante de la Udelar, el único organismo que no es evaluado por el Ineed. ¿Eso te convierte en el más independiente para evaluar su funcionamiento?

Honestamente, no creo que la independencia dependa, valga la redundancia, del hecho de que tu organismo sea evaluado; pero es una sospecha razonable. Asegurar que un organismo como el Ineed tenga independencia técnica y autonomía pasa, fundamentalmente, por tener cuadros académicos fuertes y tener mecanismos que garanticen transparencia en la toma de decisiones, y las dos cosas no han sido fáciles de concretar. Como delegado de la Universidad, y en acuerdo con los dos rectores, esos dos aspectos fueron el centro de mi gestión, y no sentí que fuera el centro de la gestión ni de la presidencia ni, por ejemplo, del delegado de los privados, que legítimamente piensan que capaz que la academización de los cuadros técnicos genera un instituto de investigación y que el Ineed no tiene que ser un instituto de investigación. Yo no comparto esa visión. El Ineed tiene que ser también un instituto de investigación.

¿Además de un instituto evaluador?

Lo dice la ley. Debería investigar e incorporar, por ejemplo, estudios experimentales en educación, para lo cual, obviamente, necesitás investigadores con fuerte formación académica y metodológica. El otro tema en el cual yo no sentí mucho apoyo fue en generar mecanismos de transparencia en la toma de decisiones. Cuidado: cuando uno usa estas palabras parece que estuvieras diciendo ‘Ah, porque ocultan cosas’. No. La Udelar tiene muchos problemas, pero si algo bueno tiene son mecanismos en los que la toma de decisiones es pública, es abierta; cualquier ciudadano puede saber lo que vota un decano, lo que argumenta el rector o un consejero. En el Ineed, copiando el modelo que viene de Secundaria y Primaria, eso no es así, a tal punto que al año de que entré a la comisión directiva, nos encontramos en una situación bastante complicada: yo tenía recuerdo de que habíamos resuelto una cosa sobre un porcentaje de aumento de sueldo, dos o tres pensaban que era X y dos o tres pensábamos que era Y. Yo pedí ir a la grabación y me di cuenta de que no había ningún sistema de registro; había notas de la secretaria de la presidencia. Esa situación se saneó comenzando a grabar las sesiones. Sinceramente dije que si no se grababan, no tenía manera de asegurar que eso no volvería a pasar, lo que armó bastante revuelo, porque no seguían ese tipo de lógicas. El otro que me apoyó fuertemente fue uno de los delegados del MEC, Óscar Ventura. Con Óscar propusimos que las grabaciones estuvieran disponibles para todos los funcionarios del Ineed, y eso levantó un revuelo enorme. No estaban de acuerdo ni Cayota ni Mazzei. Marcelo Ubal tenía dudas, Limber Santos lo veía con buenos ojos, pero no fue posible llegar a un acuerdo. Entonces, como ellos tenían miedo de que las grabaciones fueran públicas porque las teníamos los comisionados, se hizo un protocolo con abogados para esclarecer que no podían hacerse públicas, y de hecho se borraban del servidor cada mes. Honestamente para mí todo eso fue un descubrimiento, y no estoy queriendo decir que hay cosas ocultas, pero sí que es una lógica por la que después ocurren ciertas cosas. Una de las cosas que me ha costado más sobrellevar en la directiva es lo fuertes que pueden ser no tanto las opiniones, sino la manera en la que se expresan. Ya nos había pasado con [el anterior director ejecutivo] Mariano Palamidessi, que se había ido de varias reuniones dando un portazo y diciendo cosas totalmente fuera de lugar, y nos volvió a pasar en el último tiempo por todas las discusiones que hubo. Yo soy un convencido de que esas cosas ocurren porque los registros de las sesiones no son públicos. Eso en el Ineed ha sido parte de la dinámica: mucho griterío.

Tras las renuncias de dos directores ejecutivos y uno de los integrantes de la directiva, ¿cómo evaluás la situación? ¿hay una crisis en el Ineed?

Creo que el Ineed está en un proceso donde cada vez es más frecuente la implosión, y es difícil entender bien por qué. Mi interpretación es que tiene que ver con una falta de liderazgo continuada, una falta de liderazgo más académico que político. La responsable máxima del Ineed es la Comisión Directiva; pero en la práctica sus integrantes no somos todos iguales, porque el rol de la presidencia también es un rol ejecutivo, y por eso es la única que tiene un sueldo y una función permanente; tiene un papel mucho más preponderante que el resto de los directivos. Dicho esto, soy consciente de que esta directiva no logró fraguar una dirección medianamente mancomunada. Había dos alternativas: o la presidencia tenía un plan claro de hacia dónde ir y lo ponía en práctica, o construía un plan colectivamente con los directivos que pudieran acompañar. No pasó ni una cosa ni la otra, básicamente porque se dirige el Ineed desde una concepción de que “si los técnicos lo dicen, no puedo hacer nada”. Y esa concepción tiene muchos problemas, porque los técnicos no son una masa uniforme. Justamente, lo que hace la ley es crear una Comisión Directiva en la que, además de ser delegados políticos, sus integrantes tienen competencias técnicas –se supone que estamos ahí porque sabemos sobre evaluación educativa–, y delega en ellos la resolución de lo que pueden ser las diferencias legítimas de visiones o interpretaciones que puedan tener los técnicos.

¿Por qué eso provoca renuncias?

Porque esa falta de liderazgo académico se confunde muchas veces con ejercicio de autoridad. El problema es que tenés un instituto de gente académica, y sucede que a los investigadores, a diferencia de lo que puede pasar en Secundaria o Primaria, es difícil convencerlos de que hagan cosas sólo porque tengo autoridad sobre ellos; ellos tienen que percibir en la práctica que yo sé de lo que ellos saben. Si eso no pasa, no hay manera de que una institución de este estilo vaya para un mismo lugar.

¿El liderazgo académico no es responsabilidad de la dirección ejecutiva?

Debería serlo, pero a la vez, la dirección ejecutiva está supeditada. La ley delega el poder de la conducción en la Comisión Directiva y no en la dirección ejecutiva, que tiene voz pero no tiene voto en la directiva. En la época de Palamidessi, la Comisión Directiva definió para Aristas Media que lo mejor era hacer un censo y no un estudio muestral para 3º de liceo, porque es donde sabemos menos qué es lo que pasa. Por ejemplo, no tenemos hipótesis claras de por qué los estudiantes desertan a partir de 3º de liceo. La Comisión Directiva hizo su papel político y consiguió fondos en el Parlamento, 18 millones de pesos. Palamidessi no estaba de acuerdo con hacer el censo. Cuando aparecieron los fondos empezaron a aparecer los problemas, “la plata no da”, “no tenemos la infraestructura para hacerlo”. Una dirección ejecutiva que no reconoce como pares a los miembros de la Comisión Directiva termina generando una tensión de poderes, quién manda más, y así se fraguó la relación. Al final se logró un consenso para hacer un censo rural y un censo de los liceos privados gratuitos. Por otro lado, en aquel momento nos decían que había una posición monolítica entre los técnicos de que no se podía hacer el censo; sin embargo, ahora nos estamos enterando de que hay mucho malestar entre los técnicos con la directiva, porque esta encargó un trabajo referido a lo rural a una consultoría externa, ya que lo que nos llegaba era que los técnicos no querían hacer el censo rural; pero parece que eso no era así. Ese es el problema de tener una polea de transmisión que no oficia como tal. La gran pregunta es por qué sistemáticamente en el Ineed el que tiene la función de ser polea de transmisión no lo logra hacer. Y no tengo una respuesta acabada, pero me parece que tiene mucho que ver con la relación con la presidencia.

“Necesitamos que el Ineed sea un proveedor de elementos nuevos para las discusiones del asado, para que eso repercuta en las maestras, directoras y profesores de liceo. Eso no está pasando con los informes del Ineed”.

¿Para vos las dificultades en el Ineed no pasan por la autonomía y la independencia, como dice Cayota?

No en la manera en la que lo dice Cayota, no en cuanto a que la directiva “mete mano y cambia las gráficas”. La directiva no hace eso. Tomemos, por ejemplo, lo que pasó con el Informe sobre el estado de la educación 2017-2018, que generó tanto lío. Nos llegó una primera versión del informe y luego los comentarios de los revisores externos [dos en este caso], y se tenía que discutir en la directiva. Yo estuve en la discusión del informe anterior, y estuvimos como un mes discutiendo algunos errores que se encontraban, se analizaban con el equipo técnico y se resolvían. En este, como estaba el manto de las presiones en la prensa, empezamos a discutir y, por ejemplo, había un error en el título del capítulo uno, que habla de todo el sistema educativo pero los datos son sólo de secundaria. [El título es: “¿Los recursos del sistema educativo se asignan diferencialmente siguiendo criterios que promueven la equidad?”]. Es cierto que Primaria no nos había dado los datos, pero eso no puede ser motivo para dejar ese título. Pero ese es un ejemplo, hay como diez, y no lo digo yo, lo dijo, en No toquen nada, Pedro Ravela, que lejos está de ser oficialista. ¿Nos comimos todos esos errores? No, no pudimos discutirlo. Empezaba la discusión y empezaban los gritos. En un momento, como veía que estas discusiones iban a terminar en los titulares de prensa, mocioné para que el informe pasara a imprenta a carpeta cerrada. Todos estuvieron de acuerdo y votamos por unanimidad. Incluso dije: “Después cada uno verá cómo lo defiende en la prensa cuando pregunten sobre los errores que tiene”. Así como estaba, pasó. Si eso es sinónimo de independencia, a los resultados me remito. ¿Para qué sirvió este tercer Informe sobre el estado de la educación, más que para llenar titulares de prensa y tildarse de héroes y villanos? Para que en la ciudadanía quede una imagen muy gris; todo el mundo habló de los errores, pero nada realmente claro. Uno podría decir que quedó claro que el sistema educativo está segregado, pero eso ya lo teníamos claro antes, no es nuevo. Había cosas para ver en el informe que pasaron desapercibidas, y eso le viene pasando bastante al Ineed. Ojo, no creo que eso sea sólo culpa del Ineed, porque hay un problema en la sociedad respecto de cómo trata los temas educativos, sin duda, pero el Ineed no ha podido liderar una política comunicacional distinta; es más, ha reproducido la lógica de la sociedad, a los gritos y con héroes y villanos. El Ineed tiene todo para ser una institución potente desde el punto de vista de investigación y liderar esto que no estamos pudiendo liderar en la sociedad, que es que el discurso educativo haga sinergia con el cambio. Necesitamos que el Ineed sea un proveedor de elementos nuevos para las discusiones del asado, para que eso repercuta en las maestras, directoras y profesores de liceo. Eso no está pasando con los informes del Ineed.

También se plantea como uno de los problemas del Ineed su diseño institucional, que los organismos que serán evaluados están representados en la directiva. ¿Cuál es tu visión?

No creo que el mayor de los problemas sea el de que están representados en la directiva los organismos que son evaluados; capaz que sería mejor poder elegir tres o cuatro personas que no tuvieran implicancias, pero es cierto que en Uruguay eso es muy difícil. Creo que hay mecanismos que preservan eso. Por ejemplo, la Corte Electoral declara la afiliación política de cada uno de los ministros. Sí creo que es mucho más importante que sean personas de reconocido prestigio académico en el mundo de la educación y, de ser posible, internacionalmente. Es bueno que sean uruguayos pero que tengan reconocido prestigio académico internacional, que hoy no es tan difícil en el campo de la educación. Me parece que sería mejor con venia parlamentaria y no con designación de los organismos. Lo que sí es clave, también, es que tengan dedicación full time para esa tarea, porque liderar un instituto académico significa estar ahí, trabajando, discutiendo, intercediendo si hay conflictos, acompañando cómo es la producción. Como pasa en cualquier área académica.

¿El actual diseño institucional trasluce una idea de fondo de que la evaluación es una tarea exclusivamente técnica?

Creo que algo de eso se coló, una visión demasiado tecnicista, que hoy por hoy sabemos que no es así. Pongo un ejemplo: a varios de los que manejamos datos nos shockeó bastante la situación de Bolivia; no la situación social, que nos shockeó a todos, sino la situación de los datos que supuestamente nos mostrarían si había habido fraude o no. Uno lee el informe de la OEA y parece consistente. A los tres días aparecieron informes de los otros técnicos, también muy consistentes, también muy bien formados, también con gráficas y análisis estadísticos sofisticados. Gabriel Chouhy estudió el sistema chileno y muestra cómo las decisiones de los políticos, que tratan de basarse en la técnica, siempre están teñidas de su visión política. Es lo que Cayota dice que está mal. ¡No! Los políticos están ahí para tomar las decisiones y, como son delegados políticos, todo el mundo sabe a qué intereses responden. Lo que no sabemos es qué visión del mundo tienen los técnicos, desde qué visión plantean sus hipótesis. Sabemos desde hace mucho tiempo que la ciencia no es ingenua. Y por eso un instituto como el Ineed tiene que ser dirigido políticamente, ejerciendo liderazgo académico, porque es una institución académica. ¿Vos pondrías a una economista a dirigir una escuela? Lo va a hacer más o menos bien, pero las maestras no van a reconocer a una par y no se van a sentir lideradas, van a estar pensando que hablan otro idioma.

“Estoy convencido de que la independencia está en función de la transparencia en la toma de decisiones y la academización de los cuadros técnicos”.

También se puede pensar que si se fortalece el liderazgo político, los informes que elabore el Ineed van a responder al juego político.

Esa sospecha tiene que estar de forma permanente en estos institutos, y es bueno que esté. Porque la autonomía técnica se genera a partir de tener mecanismos de transparencia en la toma de decisiones, decisiones abiertas y formación de cuadros académicos, ya que si bien es cierto que la ciencia no es ingenua, a medida que crecés en tus capacidades de investigación, la toma de posición anterior a lo que dicen los datos cada vez es más costosa intelectualmente, y también en función de las redes que tenés, porque hay un montón de otros investigadores, con los cuales vos te sentís pares, que van a mirar lo que dijiste y te van a decir: “¿Por qué pusiste que 2+2 da 5, si todos sabemos que da 4?”. Ese es un origen de pertenencia que se construye. Por eso me enoja esta visión –que me parece muy anclada en lo que dice Cayota– de que la autonomía se logra pidiendo autonomía. La autonomía se logra habiendo votado que las sesiones fueran abiertas desde aquel momento en que lo propuse, hace tres años, y no ahora porque no había más remedio. Habiendo apoyado que se hicieran públicas las grabaciones de las sesiones, para que todos pudiéramos saber lo que piensa y decide cada uno, o habiendo apoyado los mecanismos que me cansé de presentar, sin apoyo, para favorecer la formación académica de los investigadores. Logramos, como mínimo, tener un sistema que apoya la asistencia a congresos, pero la presidencia no está de acuerdo con que los investigadores publiquen artículos, porque piensa que los funcionarios no están para eso. Yo puedo entender la lógica de que es posible que esa no sea su tarea principal, porque hay que sacar el informe, pero liderar una institución académica significa maximizar el uso de los recursos académicos, entonces no podemos tener gente haciendo tesis doctorales en educación que pide reducción horaria en el Ineed para hacerlas. En eso, Mazzei y Cayota tienen la misma matriz, y por eso han votado juntos en este tipo estas cosas. Escribir artículos para afuera es parte de a lo que los investigadores les va a dar una independencia endógena: no podés decir cualquier cosa porque te están mirando tus pares en el mundo. Este año yo propuse como meta del Ineed que al menos 5% de la plantilla estable de investigadores integre el Sistema Nacional de Investigadores. Se armó flor de revuelo, pero se votó. Tenés un instituto de evaluación educativa con 30 investigadores, ¿y casi ninguno está en el Sistema Nacional de Investigadores? Algo pasa, y no es responsabilidad de la gente en sí; si no tenés un sistema que promueva eso, si no los dejás publicar, no tenías ningún sistema para que fueran a congresos, no tenés ninguna política que favorezca la academización, entonces se convierten básicamente en técnicos escribientes. Estoy convencido de que la independencia está en función de la transparencia en la toma de decisiones y la academización de los cuadros técnicos, y ese ha sido básicamente mi accionar; creo que hemos logrado algunas cosas, pero con poco sostén.

¿Por qué se postergó el informe Aristas Media, que se debía presentar en octubre?

Pedimos una prórroga hasta el 31 de enero. Lo que pasó es que la discusión del informe Aristas, que por suerte todos entendimos que había que darla –después la experiencia del Informe sobre el estado de la educación–, fue generando rispideces entre los directivos, producto de los intereses. Por ejemplo, el delegado de los privados estaba interesado en los resultados de los liceos privados gratuitos (tipo Impulso), y eso generó tensiones. Tenemos censados a esos seis liceos privados gratuitos, pero la pregunta es ¿contra qué se comparan? ¿Contra los públicos, porque son gratis? Sí, pero los mecanismos de selección no son los mismos, porque al público va cualquiera y en estos te tienen que aceptar. ¿Entonces los comparamos con los privados, que tampoco son para cualquiera? No, pero en esos se paga. Y además, estos datos son de censo y el resto son muestra. Empezó a haber discusiones cruzadas de este tipo que, lejos de ser técnicas, impregnan visiones de lo que uno piensa. Esas discusiones no se dieron en el mejor clima. Además de la ida de Cayota, empezaron a aparecer otros problemas, discrepancias entre los equipos técnicos. Eso justifica que haya una dirección política que tiene que intervenir y liderar, porque los equipos técnicos no son neutros, también tienen visiones del mundo diferentes, legítimas; pero quienes tienen que dirimir son los que fueron puestos para eso, y tienen que hacer pública su manera de dirimir. Este problema viene a mostrar que se necesita una dirección política pero que ejerza liderazgo académico, porque es una institución académica.

La tercera renuncia

No toquen nada informó que la actual directora del Ineed, Giselle Tur Porres, también renunciaría. ¿Es así?
Sí, hace dos semanas nos planteó que muy a su pesar, porque ella había hecho una opción personal al volver al país, había tomado la decisión de renunciar. No explicitó razones más que personales, de adaptación, de una oferta en Ecuador. Yo le dije que me parecía que el Ineed, y más en el período en que ella lo había agarrado, era un instituto difícil, y que entendía que quizá la tarea no había sido lo que ella esperaba. Algo de eso dijo, pero a mí me parecía que estaba logrando liderar a los equipos, desde el punto de vista de la presencia, con muchas dificultades, porque es una figura que venía de afuera. Tiene una modalidad muy buena para el Ineed, conciliadora, pero a la vez intentó tomar decisiones y a veces eso tensiona las cosas. Traté de que postergara su renuncia por lo menos unos meses, porque se viene fin de año. Pero no fue posible. De mi parte había conformidad con su gestión, del resto de los directores te diría que también. Pero es un contexto en el que lo más fácil sería tomarse dos meses de licencia y después renunciar, aunque no creo que sea lo que haya que hacer.

.