La ciudad de Houston, en Texas, Estados Unidos ya se acostumbró a recibir a estudiantes uruguayos. Ayer partió una nueva delegación de liceales que participará de la 30ª First LEGO League (FLL), una competencia que impulsa a los “innovadores del mañana” para que desarrollen el pensamiento imaginativo y el trabajo en equipo. Deben investigar un problema del mundo real y desarrollar una solución; este año todos los proyectos deberán girar en torno a la vida en el espacio exterior. Además, tienen que diseñar, construir y programar un robot utilizando la tecnología LEGO, para competir en un campo de juego de mesa. Este año el equipo Mig_Botics, del liceo de Migues, Canelones, es el representante uruguayo en la competencia que reúne a jóvenes de 30 países; obtuvieron la clasificación luego de ganar en la Olimpíada Nacional de Robótica que organiza Plan Ceibal en noviembre.

Paulina Etcheverría, Tamara Balaguer (tercer año), Lautaro Ferraro (cuarto año), Lautaro González (quinto año), Agustín de León y Tobías Iroa (sexto año) son los integrantes de Mig_Botics, junto con su docente de informática, Soledad González. Antes de embarcar hacia Estados Unidos, el equipo habló con la diaria. Comenzaron a trabajar en la mejora del proyecto el 14 de enero y no se detuvieron: innovaron en el proyecto original y decidieron descartar el robot que había competido en la instancia nacional para hacer uno desde cero. “Ellos tuvieron ideas nuevas. La Olimpíada Nacional sirvió para compartir con otros grupos, y eso hizo que abrieran sus cabezas un poco y empezaran a aprender sobre mecanismos que no se habían animado a usar antes”, explicó la tutora.

El proyecto de Mig_Botics busca resolver situaciones relacionadas con la salud mental de los astronautas. La idea, que ganó la competencia nacional, consistía en crear una memoria externa con terapias pregrabadas para ayudar a los astronautas con los problemas psicológicos que surgen cuando se encuentran en el espacio. Para la competencia internacional decidieron dar un paso más: “Quisimos innovar y darle un poco de idea futurista, entonces trabajamos con inteligencia artificial. Proponemos un holograma que suplante al psicólogo en el espacio; ya no sería una memoria pregrabada, sino con inteligencia artificial, que le permita ir aprendiendo sesión a sesión; es como el asistente de Google o Siri”, detalló Tamara.

Para el equipo era fundamental mejorar lo que habían presentado en la instancia anterior: “Sabíamos que teníamos que innovar. La solución era buena, pero no era tan innovadora, y algo que caracteriza al equipo es tratar de mejorar con todo. Quisimos ir un poco más, a ver qué tan lejos podíamos llegar”, agregó la joven. Obviamente el equipo de Canelones no cuenta con los recursos para comprar un holograma, por eso viajan con un prototipo, que consiste en una pequeña base de datos que responde a preguntas básicas, y la idea es proyectar el holograma en una placa.

El cambio más importante fue en el robot. Lautaro comentó que para la instancia nacional crearon un robot “compacto, pero no lo suficientemente estable”, por eso decidieron rehacerlo y lograron crear una versión más compacta, accesible, con una estructura sencilla a la que se le puede cambiar fácilmente los cables de los sensores. “Ya teníamos una idea de cómo lo íbamos a hacer, de la base; gracias a la gente de Plan Ceibal, que nos ayudó, y a partir de eso, empezamos a modificarlo de acuerdo a lo que queríamos”.

Las expectativas son altas. Serán evaluados por su proyecto, el grado de innovación que tenga, el impacto en la vida de las personas, por lo inclusivo que sea y por el trabajo en equipo que demuestren. Además, el jurado prestará atención a la viabilidad del proyecto, a la presentación y a las cualidades del robot que crearon. Los estudiantes van entusiasmados, pero mantienen un perfil bajo: “Somos un grupo de Uruguay, estamos nerviosos y tenemos ganas de participar, pero sabemos que lo más importante no es la competencia, sino ir, disfrutar y compartir durante esta semana”, afirmó Lautaro.

La docente considera que esta es una gran oportunidad para todos, y destacó el gran avance que tuvieron los estudiantes durante todo el proceso. Ella comenzó a trabajar con algunos de los estudiantes hace cuatro años, y luego se fueron sumando los demás: “Cuando empecé con la robótica era yo la que tenía más conocimiento, ahora ellos saben mucho más que yo, sin dudas”.

El objetivo de este viaje es “pasarla bien, compartir y aprender, ese es el mayor desafío que tenemos”, afirmó la docente. A su vez, alentó a sus colegas a trabajar sobre robótica con los adolescentes: “El apoyo [de las instituciones] lo tenemos. Necesitamos que más gente se anime a trabajar con chicos en estos temas, porque en realidad lo importante ya lo tienen ellos: el conocimiento y las ganas”.