En busca de encontrar “posibles inequidades de género en las trayectorias educativas de varones y mujeres en la Enseñanza Técnico Profesional”, el sociólogo Leonel Rivero encabezó una investigación en cuatro bachilleratos del Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP-UTU): administración, agrario, construcción e informática. El jueves 25 presentó los resultados, que indican que no “hay desigualdades demasiado notorias en los indicadores utilizados”; sin embargo, se distinguen dos etapas en las que se visualiza mayor desigualdad en lo extracurricular: en el preingreso y en la inserción laboral.

La investigación se enmarca en la asistencia técnica de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) al Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y al CETP-UTU. Se eligieron particularmente esas carreras porque están polarizadas: Administración tiene una matrícula fuertemente feminizada, mientras que las otras tres carreras tienen predominancia de varones entre sus estudiantes (ver gráfica). “Vemos que hay elecciones diferenciales en términos de géneros sobre las áreas que se seleccionan para estudiar, y esto se genera previo a que la UTU tenga contacto con el estudiantado. Esto nos indica que hay una serie de imaginarios consolidados en la población y que están operando en la elección misma de las trayectorias educativas, lo cual marca un desafío en términos de cómo pararse en este tema”, comentó Rivero.

La otra etapa en la que se registran desigualdades es después del egreso, en el mundo del trabajo: “Encontramos que hay algunas inequidades relacionadas al egreso pero no estrictamente al porcentaje de egresados, que es muy similar. Hay diferencias sobre el acceso al empleo. Sería interesante profundizar en los espacios laborales en los que se insertan los estudiantes en función de los espacios educativos, ya que hay elementos para pensar que hay brechas de género en términos de los espacios a los que acceden varones y mujeres”, puntualizó el investigador. Según profundizó en diálogo con la diaria, a partir de las encuestas a egresados se puede percibir que los varones se posicionan en puestos relacionados a la toma de decisiones, mientras que las mujeres tienden a quedar relegadas a otras tareas, y que los hombres logran conseguir trabajo en áreas vinculadas a lo que estudiaron, mientras que las mujeres se alejan de lo estudiado.

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En clase

Según explicó el investigador, durante el tiempo que son estudiantes no hay mayores inequidades, más allá de las matrículas. La edad promedio de los estudiantes según su carrera y género es muy similar para hombres y mujeres, la relación con los docentes tampoco varía mucho en relación al género y tampoco cambia la relación de varones y mujeres por niveles educativos dentro de UTU. Sin embargo, Rivero señaló que “hay desafíos relacionados a la trayectoria; no necesariamente porque se están perdiendo estudiantes, sino que lo que podría pasar es que haya diferencias en el habitar escolar. Es un fenómeno invisible a las estadísticas, pero hay elementos cualitativos donde aparece el tema de la convivencia como una cuestión relevante que habría que explorar más, y también aparece lo que ya sabemos en relación al tema de cuidados: están desigualmente distribuidos, son tareas que absorben las estudiantes mujeres desde temprana edad, con una gran diferencia en términos del origen social, y afecta su trayectoria”.

Sobre los posibles caminos a recorrer en este sentido, Rivero sugirió profundizar en las habilidades socioemocionales: “Me parece que sería interesante saber un poco más sobre las habilidades y competencias que se desarrollan a lo largo de la educación formal y que de algún modo podrían preparar a los y las estudiantes para hacer frente a estas diferencias en el mundo del trabajo”. Los conceptos que tengan de sí mismos y la motivación con la que avancen en sus carreras son algunos de los puntos que se podrían trabajar en la currícula, para que los estudiantes puedan “enfrentar el mundo laboral de una manera distinta, con la confianza para hacerles frente a algunas situaciones”.

A su vez, el sociólogo planteó otras posibles líneas de acción: explorar sobre los entornos familiares, “preguntarse cuál es la influencia de la familia en estas posibles desigualdades de género”, así como “investigar qué tienen que ver los docentes en las inequidades”. Sobre esto último, Rivero explicó que incluye desde cuestionar la distribución del salón hasta prácticas pedagógicas, como las dinámicas de aula que implican asignación de roles y tareas, los tiempos de habla de varones y mujeres, los climas de trabajo y la violencia simbólica.

Asimismo, hay algunas reflexiones que se podrían hacer a la interna de cada centro, como las prácticas de promoción de carreras en centros de información, los criterios de planificación de la currícula y las dinámicas de conformación de grupos.