Una investigación que estudió a los niños de ocho años del área metropolitana de Uruguay determinó que 2,8% tiene superdotación intelectual, una proporción que se ajusta a los parámetros internacionales (2,2%). El Estudio sobre la prevalencia de escolares con altas habilidades intelectuales y superdotación intelectual, su perfil de aprendizajes y salud mental fue coordinado por el cirujano cardíaco Óscar Quiñones y estuvo a cargo del neuropsicólogo infantil Horacio Paiva-Barón, quien tiene un máster en Neuropsicología de las Altas Capacidades Intelectuales y el título de experto universitario para el Diagnóstico y Educación de los Alumnos con Alta Capacidad. La investigación determinó, a su vez, que 8,6% de los niños tiene altas habilidades intelectuales.

La investigación fue financiada por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), ya que hasta el momento no había en el país estudios que analizaran la prevalencia de niños con altas habilidades intelectuales. Paiva-Barón explicó ayer, durante la presentación del estudio en el piso 9 de la sede del MEC, que la puesta en marcha de la investigación implicó “poner sobre la mesa nuestro concepto de inteligencia”, cuestión que se discute “desde hace más de 50 años” y sobre la que todavía no hay consenso, afirmó. El psicólogo explicó que la superdotación es una condición multicausal, y la investigación refiere al Modelo de los Tres Anillos, que habla de superdotación cuando confluyen tres dimensiones: la alta capacidad intelectual, la implicación en la tarea y la creatividad. Entre varias características de la personalidad de quienes tienen superdotación, la investigación menciona la sobreabundancia de percepciones, mayor sensibilidad, multiplicidad de procesos mentales simultáneos, multiplicidad de objetivos e intereses, pensamiento divergente, pensamiento hiperlógico, apasionamiento, sentido ético exacerbado, bloqueos por sobreabundancia y perfeccionismo excesivo.

En términos prácticos, la investigación definió a los niños con superdotación partiendo de la base de que el test de coeficiencia intelectual les dé un puntaje de 126 o más “y que presenten niveles destacados en relación a la creatividad y aprovechamientos académicos”, y como un niño de alta habilidad intelectual a quienes tuvieron puntaje de entre 112 y 125. Paiva-Barón aclaró que la superdotación se puede diagnosticar desde la educación inicial, pero explicó que se eligió estudiar a los niños de ocho años porque a esa edad se estabiliza una serie de procesos madurativos en los niños, por lo que la medición mediante pruebas “genera más confianza”, y porque a partir de esa edad las pruebas de tamizaje o test de screening se pueden aplicar de manera grupal. El estudio se hizo sobre 698 niños de ocho años, de escuelas públicas y privadas de Montevideo y el área metropolitana, y se logró una cobertura de 73% sobre la muestra, de 955 niños. Comenzó en junio de 2018 y terminó en octubre de 2019.

Características peculiares

La evaluación psicopedagógica de los niños con superdotación también implicó un análisis de su salud mental, con la concepción de que el nivel de capacidad intelectual puede generar mayores riesgos en ese sentido. Paiva-Barón aclaró que no es posible sacar conclusiones generales a partir de los datos de los 16 niños estudiados con superdotación –que, según aclara el estudio, no tenían diagnóstico previo–, porque es un grupo pequeño, pero compartió algunos datos con los que se encontraron. Por un lado, se vio que entre los niños con superdotación hay más presencia de elementos de ansiedad, depresión y posibles trastornos somáticos que en el resto de la población en general: mientras que 30,4% de la población en general presenta estas características, entre los niños con superdotación el porcentaje crece a casi 44%.

Por otra parte, se concluyó que los 16 niños estudiados estaban, globalmente, tres años por encima de lo que se espera para su edad en la capacidad de lectura, cuatro años en relación a las condiciones para la escritura, y dos años por encima en los razonamientos matemáticos.

La primera etapa consistió en la aplicación de un test de capacidad intelectual, el test de Raven, a todos los alumnos de la muestra. Quienes tuvieron más de 32 puntos en la prueba, 147 niños, pasaron a un segundo test de inteligencia individual (el WISC-IV), y en la tercera etapa se hizo una evaluación psicopedagógica a los niños que tuvieron 126 o más puntos en el segundo test. La evaluación implicó entrevistas y la aplicación de cuestionarios a padres y a docentes, además de a los niños. La última etapa consistió en el análisis estadístico de los resultados, que estuvo a cargo del Departamento de Investigación y Estadística Educativa del Codicen.

Por género y entorno

La investigación menciona que, si bien las conclusiones deben tomarse para la población de ocho años del área metropolitana, “es razonable suponer que los porcentajes se mantendrían sin cambios significativos en otros rangos etarios y en las diferentes áreas geográficas del país. Por ello, si tenemos en cuenta sólo una cohorte de 45.000 escolares, el 2,8% representa a más de 1.200 niños”. Por otro lado, el estudio determina que existe “una diferencia significativa entre el porcentaje del alumnado con superdotación intelectual proveniente de escuelas públicas y de escuelas privadas”, y aclara que “serían las diferentes condiciones socioculturales y económicas de las que proviene el alumnado lo que determinaría esta diferencia, más que el efecto escolar sobre el desarrollo de la inteligencia”. Mientras que entre los niños que concurrían a escuelas privadas 5,7% presentaban superdotación, el número entre quienes iban a escuelas públicas bajaba a 1,6%. Por otro lado, 15,7% de los estudiantes de colegios privados presentaron altas habilidades, mientras que la cifra bajó a 5,5% entre los de las escuelas públicas. Paiva-Barón insistió en que “no podemos atribuir que la superdotación intelectual se construye en un colegio, la inteligencia es un constructo sociocultural”.

Por otra parte, el estudio descarta que existan diferencias por género en cuanto a las altas habilidades y la superdotación. 3,3% de las niñas presentaron superdotación y 9,3, altas habilidades, mientras que 2,5% de los niños tienen superdotación y 8%, altas habilidades, por lo que Paiva-Barón concluyó que “la inteligencia se distribuye en forma equitativa entre varones y niñas”.

El futuro próximo

Quiñones, coordinador del estudio, dijo que en vista de la transición, buscarán “convencer a las futuras autoridades para hacer la segunda fase” de la investigación, y manifestó que su objetivo sería que un día al año se hiciera un screening sobre superdotación a nivel educativo, para lo que el Plan Ceibal ya desarrolló una herramienta informática que no pudo ser aplicada en esta etapa. Rosita Angelo, directora de Educación del MEC, aseguró que el tema “forma parte de la agenda de la transición” y destacó que Carolina Sanguinetti, quien coordina actualmente la comisión de Educación Inclusiva y participó en el estudio, continuará en ese rol en el futuro gobierno. Sanguinetti afirmó que el MEC busca que “el diseño de la política educativa contemple a la diversidad de los estudiantes”, y mencionó que “es de esperar” que el estudio “genere modificaciones a nivel de la política educativa y de salud”.

La investigación plantea como una necesidad que los docentes tengan una sensibilización respecto de esta población, tanto como facilitar la detección temprana como para favorecer el desarrollo de los estudiantes, y entre otras estrategias pedagógicas posibles plantea el diseño de Planes de Enriquecimiento Curricular, complementarios al programa habitual y que pueden desarrollarse fuera de las instituciones educativas, o la instalación de la figura del mentor.